El Yamaha X-Max, no es un T-Max, pero lo parece… ¡Y ahora más! Esta sinergia entre los dos scooter además de un producto acertado, en las formas y el contenido, son la clave de su éxito.
A la persona que tuvo la idea de llamar X-Max a este scooter de 250cc habría que darle un premio. No es que el éxito de ventas del modelo se haya debido única y exclusivamente a este motivo, pero ayuda… y mucho. Con ese nombre, el cliente tenía la impresión de estar comprando un T-Max “dos y medio”, cuando la verdad es que tenían poco o nada que ver. Sin embargo, esta última evolución presentada hace un par de meses en Barcelona, supone una clara “T-Maxización” del X-Max, una acertadísima estrategia de marketing que, si ya funcionaba bien sólo con la denominación, mejor aún a partir de ahora que el diseño se acerca mucho más.
Yamaha ha apostado claramente por profundizar en su aspecto deportivo y mejorar su comportamiento y rendimiento en desplazamientos cortos… Ha perdido algo de capacidad rutera. Y de paso, con los cambios de chasis y suspensiones se ha conseguido un buen equilibrio entre aplomo (en carretera) y manejabilidad en ciudad.

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